En un mundo lleno de maldad, Noé era un rayito de luz en medio de la oscuridad . Génesis 6 dice que él fue un hombre justo, era perfecto en sus acciones y que siempre anduvo con Dios. La integridad de Noé es importante considerando el contexto de los tiempos en el cual él vivía.
La maldad del hombre
Durante los tiempos de Noé la maldad humana había llegado a un nivel demasiado intolerable. Génesis 6 dice que los hijos de Dios tomaron a las hijas de los hombres por mujeres, implicando que las personas, ya sea sexualmente o espiritualmente, se estaban involucrando en relaciones pecaminosas. A Dios le peso que los planes y pensamientos del hombre siempre eran para hacer el mal. El nivel de inmoralidad era tan grave que Dios sintió dolor en su corazón.
La tierra estaba corrompida. Era como si hubiese llegado una plaga de termitas a una casa y la única manera de acabar con el daño y con las amenazas de daño seria llamando a un fumigador. Así que, para terminar con la maldad y prevenir que continuara, Dios decidió limpiar la tierra a través de un diluvio. Por 40 días agua iba a caer sobre la tierra hasta que no quedara vivo ningún hombre o animal.
La importancia de la obediencia de Noé
Dios siempre se conmueve con la obediencia de los justos. Como Dios mismo es naturalmente bueno y justo, no iba a permitir que Noé y su familia sufrieran un castigo que no se merecían. Continuando la historia en Génesis, Dios empieza a darle instrucciones para que construya un arca. El arca iba a servir de protección para Noé y su familia, y también para toda especie de animales que existían en ese tiempo.
Si pones atención a la historia de Noé, te darás cuenta que no hay mucha conversación entre él y Dios. No hay protestas de parte de Noé, ni preguntas, ni tampoco opiniones. Solo vemos sus acciones. Génesis 7:5 dice que Noé hizo todo así como Dios mando. Después del diluvio, y después de que la tierra se secara, Noé, su familia y todos los animales volvieron a salir del arca, y se multiplicaron.
Si Noé hubiese sido como los demás hombres ese diluvio hubiese sido el fin de la historia. Así como la desobediencia causa dolor, la obediencia a Dios trae esperanza.

